No hay nada peor
que una imagen nítida
de un concepto difuso”

Ansel Adams
Algunos pensamientos
El diseño debe contar una historia, una de esas historias que creemos entender de pies a cabeza y que solo con el tiempo logramos descifrar por completo. Una serie de fragmentos, que exceden el soporte para revelársenos en momentos y circunstancias diversas.
El diseño no lo dice todo a la vez, se ocupa de esconder lo suficiente para que cada vez que volteemos a ver, contemplemos una verdad distinta. Como diseñador seré silencioso y no firmaré con mi nombre, aunque no prometo andar por ahí sin dejar huella. Cuidaré con esmero el detalle en cada interpretación, puesto que no hay solución posible sin la agudeza del que mira por primera vez. Dedicaré mi vida a conocer el mundo. Sus lugares, sus límites, las personas y sus culturas. Y esta quizás sea la mas inevitable de mis necesidades como profesional, ya que debo contar historias nuevas, sobre soportes que aun no se han creado, en lugares desconocidos para las culturas que aún no han nacido.
Historia

Como toda persona, nací. Un 1ro de diciembre de 1987 en la ciudad de Banfield, un lugar de zona sur a 20km. de la Capital Federal. Me crié en la calle, jugando a la pelota, rompiendo algún que otro portón al grito de “Guarda con el por...!”, Seguido de un grito seco que rememoraba las partes mas íntimas de mi hermana, y a veces me hacía dudar sobre el verdadero trabajo de mi madre.

Crecí en lo que cualquier libro de cuentos llamaría “un típico barrio del conurbano”. Pero un día, llego a casa en el auto de mi viejo, un televisor raro. Uno con la carcasa blanca y un control remoto que no era tan remoto porque el cable que lo conectaba a la caja, tenía un metro y treinta centímetros. Con el tiempo me enamoré de esa caja blanca, me parecía increíble poder controlar un texto, su tamaño, los colores, y ni hablar cuando en vez de un texto se trataba de un soldadito de 1cm de alto que intentaba desactivar bombas en el medio de una segunda guerra mundial en vista isométrica.

Tiempo mas tarde, un día común y corriente, la caja blanca se puso azul. Me llevo un rato largo inspeccionarla por completo, incluso hasta me hice de un destornillador tipo Phillips para verle las entrañas. Hasta que en un heroico esfuerzo por reparar lo que parecía ser el equivalente electrónico de la fiebre amarilla (salvando la distancia, en el círculo cromático) no tuve mejor ocurrencia que mover un disyuntor en la parte trasera del aparato bajo la etiqueta 220‑110. Entre los chispazos y el olor a quemado, aprendí por primera vez que lo mío era la informática, siempre y cuando leyera los manuales primero.

Diez años y muchas computadoras rotas después, aprendí en una materia de la facultad que nuestra red de corriente alterna en Argentina utiliza 220 volts para funcionar y que aquella fuente con disyuntor era el producto de un diseño pensado para su comercialización en países de voltajes variados. Estudié ingeniería en sistemas durante 7 años, en parte por mi pulsión por las computadoras y otra gran parte porque era la única ingeniería que me atraía al mismo tiempo que complacía a mi padre, que por aquel entonces y sin saberlo, influyó en la primer decisión mas importante de mi vida: la carrera universitaria.

Pero uno no hace durar su carrera durante siete años solo por amor al arte; o quizás sí, en mi caso fueron 11 y mas bien fue por amor al diseño. Cursando mi tercer año de carrera y con un trabajo que me demandaba viajar constantemente, encontré de la mano de uno de mis compañeros, un amor muy especial por la fotografía. Al principio fue el deslumbramiento por la técnica, por hacerme del conocimiento necesario para poder escribir mi nombre en el espacio con una linterna, o para capturar la fuerza del río en una toma suave con blancos que parecían espuma de afeitar. La verdad es que todo aquello, de alguna u otra manera me impulsó y dio fuerzas para empezar a estudiar fotografía de forma paralela, y así es como una carrera de 5 años, se tornó en una de 7 (que por cierto aún no termino). Mientras tanto mi capacidad para retratar el mundo dejaba de lado la técnica y empezaba a convertirse en un acto mucho mas consciente respecto del qué y mucho menos del cómo, no era tan obvio en ese instante pero sabía que necesitaba dedicarme a algo que me permitiese conceptualizar mejor mis ideas.

A diez materias de ser ingeniero y en una época de profundos cambios para mi vida, tomé la para nada simple decisión, de cambiar de carrera hacia algo que no me hiciera resoplar cada vez que veía la currícula semanal. Aquella pulsión que vino del arte fotográfico y que tanto tiempo estuvo guardada en mí se convirtió finalmente en una frase simple y concreta: “Viejo, quiero estudiar diseño gráfico”. Parece una tontería hoy, pero convengamos que una familia de ingenieros italianos, que con tono casi mafioso solían preguntarme “y... ¿Cuándo nos recibimos?” No es el mejor público para este tipo de declaraciones.

De hecho, podría hacer un libro sólo con las interminables charlas con amigos y colegas respecto del tema. Lo interesante es que de todas las veces que imaginé como sería ese momento incómodo, difícil y silenciosamente duro, no estuve ni cerca de lo que finalmente dijo ese padre ingeniero, perfeccionista, algo cabeza dura que podría haber inspirado cualquier personaje de “El padrino”. Si no recuerdo mal, la frase completa fue algo así como: “Mientras a vos te haga feliz, hacelo”.

Sinceramente no esperaba que fuera de esa manera, es la forma en que la vida te enseña algunas cosas y esa particularmente fue como un baldazo de agua fría que me recordó que la única persona con la que debía ser sincero, era conmigo mismo. Una semana mas tarde, empecé mi carrera como diseñador gráfico, un camino a simple vista diametralmente opuesto a todo lo que había hecho hasta el momento. Nunca entendí bien lo que significaba ser diseñador gráfico sino hasta mis primeras clases, pero estas palabras de alguna manera representan el final de un ciclo y el comienzo de otro, uno donde tengo la posibilidad de mostrarle a quien esté leyendo que hacer lo que amamos en la vida, siempre saca lo mejor de uno.